EL PROBLEMA DE ‘HOMO HABILIS’

Última revisión 24/04/2022

Unas notas de historiografia pueden ayudarnos a ordenar las ideas. En la década de los sesenta, los míticos Louis y Mary Leakey llevaban muchos años excavando en los sedimentos de la garganta de Olduvai (Tanzania) donde ya habían encontrado herramientas de piedra muy antiguas. Estaban buscando al verdadero hacedor de esos utensilios. La recompensa llegó con el hallazgo de un lote de restos que incluía un cráneo fragmentado más grácil que el de los australopitecinos, molares relativamente pequeños y mandíbulas con incisivos relativamente grandes, huesos de la mano y del pie, catalogados como OH 7 (Olduvai Hominid) procedentes de la capa I de Olduvai. Pensaron los Leakey que estos restos correspondían al artífice de las herramientas, al verdadero Homo. Con la ayuda de Phillip Tobias estimaron una capacidad encefálica de 680 cm3, sustancialmente mayor a la de los australopitecinos, con lo que Leakey, Tobias y Napier describieron en 1964 a la nueva especie Homo habilis, cuyo nombre aludía a su supuesta habilidad para fabricar todas aquellas herramientas previamente encontradas. Este hallazgo supuso un antes y un después en la paleoantropología. Entre otras cosas, desplazó el epicentro de la evolución humana hacia el este de Africa. Hasta entonces, los abundantes hallazgos de restos de H. erectus en Java y en China hacían de Asia el hipotético centro de origen.

La nueva especie respondía a tres de los cuatro criterios básicos previamente establecidos para poder ser adscrita al género Homo: 1) postura erguida; 2) locomoción bípeda, y 3) destreza manual suficiente como para fabricar instrumentos. Tuvieron que prescindir del criterio de poseer un gran cerebro dado el pequeño encéfalo de H. habilis (aunque sí lo suficientemente grande como para poder ser el hacedor de los primitivos útiles de piedra de Olduvai). La comunidad científica recibió la propuesta con escepticismo, en gran medida porque la edad de los fósiles, con 1,75 ma, retrasaba de golpe la antigüedad conocida de Homo en un millón de años. Además, los 680 cm3 de capacidad encefálica quedaban por debajo de los estándares establecidos en la época para pertenecer a Homo; H. habilis no había superado el llamado rubicón cerebral (700-800 cmo. Conocidos e ilustres paleoantrópologos como le Gros Clark consideraron desde el primer momento que estos fósiles de Olduvai eran demasiado parecidos a Australopithecus como para ser incluidos en Homo; una idea que ha tomado renovadas fuerzas en los últimos años. En el extremo contrario, otros autores no veían diferencias suficientes como para excluir a los nuevos fósiles del amplio taxón Homo erectus. La radicalidad de las posturas no hacía sino poner de manifiesto el carácter intercalar de la anatomía de los homínidos recién descubiertos. Y a pesar de la controversia, durante los años setenta del siglo pasado, todos los restos no-megadontos procedentes de la capa I Y parte inferior de la capa de II de Olduvai se describieron como H. habilis. El debate sobre la clasificación de estas formas intermedias fue adquiriendo nuevos tintes en esos mismos años. La creciente muestra de fósiles de edad similar procedentes dc las nuevas exploraciones prendidas por Richard Leakey en la región keniata de Koobi Fora, al este del lago Turkana, hacían difícil subsumir toda la variación detectada en una única especie, El hallazgo de uno dc los iconos de la paleontología humana, cl cráneo KNMER 1470, con cara grande y plana, y con dentición de gran tamaño asociada a un volumen encefálico por encima de los 750 cm , empezaba a romper las costuras de la variabilidad de una única especie. Algunos autores, entre los que destaca B. Wood, propusieron que la variación detectada en Koobi Fora debía acomodarse en dos especies distintas de primitivos Homo. El nombre Homo habilis (desde entonces llamado H. habilis sensu stricto) se reservó para las formas similares al holotipo OH 7 de Olduvai (que posteriormente ha pasado a reconocerse como el grupo de KNM-ER 1813 dado el mejor estado de conservación y representatividad de este fósil). El nombre Homo rudolfensis, definido sobre la base del famoso ER 1470, se comenzó a usar para acomodar toda esa variación de primitivos Homo que no cabía en H. habilis s.s. Actualmente, esta especie está bien representada en Koobi Fora, Chemeron y Omo, entre los 2,06 y 1,78 ma de antigüedad, aunque algunos autores lo llevan hasta los 2,3-2,5 ma, como la mandíbula UR 501 de Malawi, hallada en asociación con útiles de piedra. En Sudáfrica se han identificado restos de primitivos Homo en tres yacimientos. Los fósiles más destacados son el cráneo parcial SK 847 del miembro I de Swartkrans, el cráneo Stw 53 procedente de Sterkfontain (propuesto como ejemplar tipo de II, gautengensis, una especie supuestamente distinta a la de los Homo esteafricanos), Finalmente, en Drimolen se han identificado algunos dientes aislados, En conjunto, la evidencia paleontológica consiste, según un conteo elaborado en 2013, en unos 200 fragmentos esqueléticos correspondientes a unos 40 individuos, distribuidos solo en el este y sur de África, desde Etiopía hasta Sudáfrica.



Referencias

  • Rosas, A. (2015): Los primeros homininos, paleontología humana, Los Libros de la Catarata-CSIC, Madrid.
  • Foto portada: Mauricio Antón.

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